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Alex Txikon, la nueva montaña de vanguardia

26 Mar

Hoy recibimos en Piedra de Toque al montañero y aventurero Alex Txikon recién llegado del GI (8.080 metros) en las paredes del Karakorum pakistaní dónde ha intentado durante un mes abrir una nueva vía con temperaturas de -40ºC, a estilo alpino sin cuerdas fijas, ni porteadores. Dentro de la expedición internacional “ABC Team”, Alex ha demostrado que es posible hacer himalayismo de otra forma sin necesidad de coleccionar cimas o aprovechar las “autopistas” ya abiertas en las paredes de las montañas más altas del planeta. Txikon regresa del GI sin cima pero con la satisfacción de haber llegado hasta la cota 7.100 metros y haber regresado a casa con vida y con todos sus compañeros intactos. Hablaremos sobre esta forma de subir montañas, sobre sus anteriores experiencias bien con Edurne Pasaban, bien con el fallecido Iñaki Otxoa de Olza y también le preguntaremos por sus nuevos proyectos. Y es que ya piensa en regresar a Pakistán, como lo hizo en el año 2007, en coche desde Lemoa e intentar el K2 por la cara norte. A la vez, realizará diferentes exhibiciones con su hacha como aizkolari.

De Karakorum a Marruecos. Con Eneko Aiara viajaremos al pre Atlas marroquí a través de la nueva vía que espera abrir el próximo mes de octubre. Una vía de 600 metros en un pilar remoto de las grandes gargantas de caliza de Taghia. Será una expedición con sabor a homenaje. La vía se llamará “Beatxi beti gure bihotzetan”. Y es que Bea vio truncada su vida en el 2005 cuando intentaba con Eneko escalar la gran pared norte del Vignemale. A mitad de escalada, un bloque cedió y cayó golpeando a Bea… Ahora Eneko quiere completar esa ascensión en Marruecos un lugar mágico con el inmortalizar el espíritu aventurero de Bea. Un proyecto que compartirá con amigos y en el que Piedra de Toque quiere formar parte apoyando su difusión.

Foto: Eneko y Katu. Vía: Bagamontayas

Y por último, cómo no, Kiko Betelu nos propondrá un nuevo título para viajar desde casa a través de la literatura de montaña, aventura, viajes.

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Madrugada en el Pirineo

10 Abr

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Por fin vuelvo a calzarme las botas. Después de unos meses naufragando entre papeles, consigo escaparme al monte y de rebote limpiar las telarañas de este blog. Que ya me vale. El objetivo era la cumbre de Monte Perdido, 3.355 metros; la ruta, Cola de Caballo y el campo base, el refugio de Goriz. Iba a ser una expedición invernal y nocturna.

Comenzamos a caminar a las 20.10 horas del parking de Ordesa. Salimos de Bilbao el martes a las 4.00 de la tarde, nada más entregar el último encargo, un periódico de 40 páginas para una institución. Y caminamos por todo el valle en solitario, Ricardo Adrián y yo. Primero rápido para que no nos viera ningún guarda, después como zombis atraídos por el crujido de las pisadas sobre la nieve. En una hora estábamos en las cascadas de Suaso. El resplandor de la luna proyectaba nuestra sombra en la nieve y el murmullo del río nos dio conversación durante toda la noche. A las dos horas llegamos a Cola de Caballo.

Nunca había visto el río con tanta agua y el valle tan solitario. Éramos los únicos montañeros. A nuestro al rededor todo era nieve, roca y sombras. Evitamos ascender por las clavijas hacia el refugio de Goriz y ahí estuvo nuestro error. Nos calzamos las raquetas y encendimos los frontales. Ahora tocaba superar un gran desnivel sobre nieve polvo, por un camino barrido por el viento y con la luna como única consejera. Eran ya las 00.30 horas.

Las huellas se hundían hasta la rodilla. La mochila cada vez pesaba más. El camino iba inclinándose hacia arriba y la caída ganaba metros y más metros. Tantos que se presentaba más tractivo dejarte caer que seguir abriendo huella. Ya era la 1.00 h. y seguíamos sin ver el refugio. Pensamos primero que sería una sombra grande que nos saludaba a lo lejos, pero no. Era una piedra. Entonces, caminamos hacia otra. Y tampoco. Así hasta la 1.45, cuando por fin nos desencajamos la mochila de la espalda. Tiramos los bastones. Nos liberamos de las polainas y de las raquetas y abrimos un par de Voldams. Estábamos en el refugio de Góriz.

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Dormimos pegados a los sacos, con todos los músculos flotando sobre la cama. El sol y el ruido de los franceses con los que compartíamos habitación nos despertó a las 6.00 de la mañana. Café caliente y replanteamiento de objetivo. Nadie iba a atacar la cima del Monte Perdido, la cantidad de nieve caída durante la noche anterior convertía en suicidio cualquier proyecto. Así que decidimos disfrutar de las vistas, regresar tranquilos al coche y aprovechar la ventana de buen tiempo que iluminaba todo el Pirineo.

Como aseguraba el montañero navarro Otxoa de Olza, el monte coloca todo en su sitio: “Te sientes una hormiga caminando por una esquina del Planeta. Valoras lo que tienes de nuevo y das cada preocupación su tamaño real. El monte limpia la mente, te hace fuerte y, en mi caso,  me hace feliz, muy feliz”. Ante tanta crisis pongámonos las botas y aprovechemos las noches de luna llena para colocar cada cosa en su sitio.

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2 Jun

Foto: Pedro Urresti/El Correo

El suplemento Domingos de El País parecía estar escrito para Piedra de Toque: abría con una doble de ETA, seguía con un perfil de Tiro Fijo, hasta ahora líder de las FARC y continuaba con otra doble sobre la agonía vivida por Iñaki Otxoa de Olza en el Annapurna. Política vasca, Latinoamérica y montaña.

“Las montañas no son estadios donde satisfacer nuestra ambición deportiva, sino catedrales donde practicar nuestra religión”.

Mientras tanto, seguía lloviendo en Getxo. Tanto que inundó garajes, avenidas y casas.

“Tenía miedo de entrenar, temía por mi vida”

29 May

Leo en el New York Times una historia tremenda. Habla del equipo nacional de atletismo de Kenia, de sus componentes, del terror sufrido meses antes en su país. Suponen un gran ejemplo para los políticos de su país. El deporte les ha unido.

Luke Kibet es uno de sus componentes. Pasó de ser el favorito a medalla de oro al ganar un maratón mundial en agosto a ir de suplente en Pekín. La oleada de violencia tiene la culpa. Durante los meses de conflicto civil dos corredores perdieron la vida por razones étnicas. Kibet sufrió un golpe en la cabeza que le produjo una conmoción cerebral y apartó de los entrenamientos durante dos semanas. En febrero, sacó una pistola para liberarse de otro posible atentado, a la vez que pasaba las noches haciendo guardia para que le quemaran la casa llena de familiares. Después sufrió un tirón en la corva que le alejó de nuevo del polvo de las pistas. En febrero quedó undécimo en el maratón de Londres. Ahora depende su participación en Pekín del abandono de alguno de sus compañeros. “Vi muchas cosas. Tenía miedo de entrenar. Temía por mi vida”

Pero más allá de participación, la presencia de este equipo en Pekín ya merece un oro.

“Si la gente ve a los kelenjin y los kikuyos corriendo y hablando juntos, puede pensar que ellos también pueden hacerlo”

Los deportistas vuelve a retomar el espíritu de los pioneros. El espíritu de Otxoa de Olza sigue vivo.    

Los nuevos 14 ochomiles

27 May

 

Todavía me quedan textos por leer, pero creo que me he leído todo lo que se ha escrito estos días en la prensa sobre Iñaki. Ayer viajé a Pamplona. Y circulé por el Himalaya personal de Iñaki: en un lado San Miguel de Aralar, en otro el San Donato. También, a lo lejos, saludé a su otro ochomil el San Cristobal. A estas cimas subía una y otra vez. A ellas acudía después de cada expedición. En ellas encontraba el oxígeno para recuperarse y la fuerza para volver a enfrentarse a los ochomiles. Y sí, ayer llovía en Pamplona.

El Gobierno de Navarra va entregar la medalla de oro al Mérito Deportivo a Iñaki y a los 14 montañeros que protagonizaron el rescate. A Ulie Steck le bastó el mensaje de Horia para ponerse en camino: “Tenemos problemas. Iñaki está enfermo. Necesitamos ayuda”.  

Todos ellos encarnan para muchos los nuevos 14 ochomiles. Así lo expreseba para El País, el periodista Jorge Nagore. Un entrevista que está entre lo mejor que se ha publicado. Y es que Óscar Gogorza no defrauda.

Han estado 14 escaladores y desde ahora para nosotros los 14 ochomiles son ellos.

Nadie se ha quedado indiferente: Edurne Pasaban, Mikel Zabalza, Juanito Oiarzabal. Todo el mundo ha reaccionado. Como la vivida en Euskadi con la pérdida de Alberto Iñurrategi en el descenso del GII. La de Iñaki ha sido una marcha en directo. Difícil no emocionarse. Tal vez, salpicado de esta emoción me llamó el jefe de deportes para pedirme disculpas. Todo un detalla en estos tiempos. Había quedado en llamarme si Madrid se interesaba por el tema. Y no lo hizo. “El Himalaya es un reflejo de nuestra sociedad. Si aquí vamos a nuestra bola, allí también. La solidaridad en montaña no existe”, me explicaba Iñaki la última vez que hablé con él.

Para la vuelta retrasamos una entrevista para un medio digital. Ahora tendré que esperar.
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Iñaki fallece en el Annapurna

23 May

No hago más que publicar el anterior post cuando leo en Diario de Navarra que acaba de fallecer Iñaki…

“Tras cinco noches a más de 7.400 metros de altura y afectado por una grave lesión cerebral complicada en las últimas horas por un edema pulmonar, Iñaki Ochoa de Olza Seguín falleció hoy a las 8.45 horas (12.30 horas en Nepal) en la pared sur del Annapurna”

El Himalaya pierde a un grande y todos los montañeros a un referente. Descanse en paz. Agur eta Ohore.

Situación crítica en el Annapurna

20 May

Foto: Iñaki días antes de emprender el ataque a la cima.

El Annapurna (8.091 m) ha vuelto a reclamar su precio. No es casualidad que todos los himalayistas la dejen para el final, en su intento por alcanzar las 14 cumbres más altas del planeta. Desde su primera ascensión por el francés Maurice Herzog en 1950, una larga lista de accidentes oscurecen su historia. Lejos de espantar a los montañeros,  su negra historia ha convertido su cima en un preciado trofeo.

Ayer el navarro Otxoa de Olza probó su dureza. A falta de 100 metros para llegar a la cima sintió en sus pies y manos los síntomas de las congelaciones. Además no contaba ya con cuerdas fijas para seguir escalando y afrontar el último paso expuesto a una caída de más de mil metros. Decidió regresar al campo VI a 7.400 metros. Y fue a esa altura donde quedó inconsciente. Un ataque de tos y vómitos presagiaban lo peor.

Más de 30 expediciones, 15 ochomiles, un forma física excepcional. Nada convierte al montañero en inmune. Es el idioma de la montaña. Tendido en el suelo de su tienda de campaña quedó Otxo de Olza, mientras que su cliente, el rumano Horia Colibasnu, presionaba la tecla de rellamada del móvil del navarro. De noche y sin posibilidad de que ningún helicóptero subiera en su rescate, se comunicó con la familia de Otxoa de Olza en Pamplona para que le dieran el teléfono de algún médico especialista. Otxoa era el guía, era el que debía responder de la vida de sus clientes.

La montaña seguía reclamando su precio. La batería del teléfono falló, no sin antes confirmarse la mejoría del navarro.

A estas horas estarán emprendiendo el descenso, paso a paso. Tal vez, éste sea el último ochomil del navarro y la constatación de que las expediciones comerciales son el principal enemigo de los montañeros, más allá de la altura, la climatología o los seracs. La vida a 7.400 metros no puede depender de la batería de un teléfono.