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La mirada que acabó con Poveda

17 Sep

Christian Poveda. IM

Hoy se cumplen dos semanas desde que se encontrara en El Salvador el cuerpo sin vida de Christian Poveda, fotoperiodista francoespañol especializado en maras, con cuatro agujeros de bala en la cabeza. Lo asesinaron los mismos a los que había dedicado dos años de su vida y de su trabajo. Los mismos a los que intentó radiografiar en su documental “La vida loca” y a los que quiso comprender, escuchar y entender. Esos mismos lo sentenciaron a muerte, realizaron su ejecución: cuatro tiros en la cabeza a boca jarro.

Hace también hoy un año cuando solicité una entrevista con él. Aproveché su presencia en Donostia para presentar su documental en el Festival de Cine de San Sebastián. Le conté mi experiencia con las maras ese verano en Guatemala y la conversación que mantuve con José Manuel, pandillero y ex lider de la M18, la misma que ahora le  he asesinó.

 “Es una locura la realidad en la que viven estos jóvenes: un juego de vida y muerte, de asesinatos y droga, de extorsión y secuestros”.

Estaba orgulloso de su trabajo. Había dedicado 16 meses a filmar la vida de una pandería regentada por ex mareros. Su sorpresa fue que de los 16 protagonistas, más de la mitad fueron asesinados o detenidos durante el rodaje. Una sorpresa que le impulsó a seguir trabajando por denunciar el escenario en el que se crían estos niños. “Quiero entender qué convierte a un niño de 12 años en criminal. Por qué toman esa decisión y por qué es tan dificil que el Gobierno el único esfuerzo que les dedique sea dispararles”.

 Público. IM

La entrevista se alargó durante dos horas. En medio, me pidieron si podía dejar que le entrevistara un periodista de El Mundo. Sin reparos acepté. Lo que quería era seguir hablando con él. Ahora trabajaba en otro gran proyecto, un largometraje. Quería denunciar el contexto de violencia en el que viven estos jóvenes con la historia de dos payasos. Una pareja que durante el día arrancan sonrisas en los semáforos de San Salvador y durante la noche arranca la vida de sus vecinos por la mara. “Nadie hace nada por estos jóvenes cuyo único error ha sido nacer en hogares desestructurados, en barrios sin acceso a agua potable, escuelas, hospitales…”. La misma razón que me dio Juan Manuel Izquierdo: “La principal razón de que las maras recluten a tantos jovenes es la ausencia de la familia”.

Christian no podrá rodar esa película. La irracionalidad de las maras se volvió contra su principal defensor, que aunque no justificaba sus crímenes buscaba  las razones de sus actos con la mirada. Esa misma mirada que reclamaba Juan Manuel al pedir que alguien ayude a los que desean salir de ese pozo. La misma mirada con la que Politkovskaya viajaba por Chechenia o Roberto Saviano recorría en vespa los puertos de Napoles. Una mirada que mantiene en vida al Periodismo y a la vez que sentencia de muerte al que la mantiene.

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Un reporaje con sabor a homenaje

31 Oct

Cuelgo ahora el reportaje que publiqué en el suplemento TIERRA de EL PAÍS hace ahora dos fines de semana. En él cuento cómo es la vida en un basurero. Y es fruto de las notas que tomé durante la visita al millar de chabolas que sitian el gran vertedero de Guatemala. El viaje me constó algún que otro susto que ya conté en el blog. El resultado es un reportaje con sabor a homenaje a todas las personas que día tras día se levantan del suelo para rebuscar en la basura el alimento de sus hijos. Eso sí que es una crisis.

Así es como queda

28 Oct

Salir de la mara

27 Oct

Hoy me publica  PÚBLICO una doble página sobre las maras. El hilo del reportaje es la entrevista que realicé a un exlíder de la M18, una de las pandillas más sanguinarías de Centro América. El encuentro lo tuve en los bajos de una gran rascacielos de la ciudad de Guatemala. Allí el ex pandillero trabaja como lustra botas, a la vez que se oculta de la policía y del resto de mareros que le buscan para matarlo. Unos por ser de la mara contraria otros por haberlos abandonado.

Durante media hora y con un tono de voz que rozaba el susurro me fue relatando qué le llevó a ingresar en una de ellas, cómo operaban y qué le llevó a dejarlo.  Un recorrido que le costó ocho balazos, la muerte de una hija recién nacida y el exilio. Pero sabe que esta situación es provisional, pues a todos les llega la muerte. “No conozco a ningún marero mayor de los 30 fuera de la cárcel”.

 “Si publicas mi foto en Guatemala me localizarán y me matarán, pero en la vida hay que elegir entre dejar huella o pasar inadvertido. Yo ya he optado: publícala”.

Para realizar las fotografías nos escondimos en el baño del edificio. Allí se quitó la camiseta y me dejó ver sus tatuajes. Cada uno de ellos justifica un balazo. Durante la “sesión” de fotos comenzaron a entrar personas que cabiz bajos retrocedían en silencio. Y es que nadie mira a la cara a un marero. A la salida todos esperaban en silencio a que nos marcháramos. Miedo.

Ahora comienza el verdadero viaje

27 Ago

Regreso a Bilbao. Abro de nuevo los cuadernos, edito las fotos, comienzo a teclear las historias. Entonces retomo el olor amargo del basurero y comienzo a sentir el frío húmero de las tardes de Tecpán o el pegajoso calor de la costa del Sol de San Salvador. Realizo ahora la parte más especial del viaje, en la que pongo rostro a la realidad que allí se vive y difundo el testimonio de todos los que sufren la pobreza, las desigualdades, la violencia o la corrupción y también los nombres de todos aquellos que buscan el modo de romper la espiral de la pobreza.  Así que a seguir viajando.

Rumbo a Europa

22 Jul

Gracias a todos los que me habéis acompañado. La media de entradas en el blog ha sido de 25, con puntas de 45. Eso sí, pocos os habeís animado a dejar comentarios. Dentro de dos horas parte mi avión hacia Miami, de ahí a Madrid y de ahí a la capital del mundo, Bilbao.

Atrás quedan 23 días tremendos. Regreso con mil proyectos en la cabeza y dos cuadernos llenos de historias. Ahora a editar todo el material. Primero el tema del basurero para EPS, después las maras para Público, los temas de salud para Diario de Noticias… Y así hasta los 10 temas que calculo que publicaré. De Bolivia publiqué 15 temas y más de 50 fotos. A ver ahora qué tal.

Y seguro estoy de que regresaré. Me han ofrecido dar clases de profesor invitado en la Universidad Católica de San Salvador. Sin duda volveré.

De Pacífico nada

22 Jul

Fin de semana en el Pacífico. Me acompaña un catalán de segunda generación a una casa de playa. Literal. La casa daba directamente a la playa. Por fin me baño en el Pacífico, aunque de pacífico tiene poco. Las olas rompían con fuerza. Aproveché también para probar el agua de coco. Cortamos la tapa de uno, introducimos una pagita y a sorber. Rico, rico.

Antes de ir a la playa recorro la ciudad con un palestino de tercera generación. Se llama Miguel y trabaja en un banco. Visito la catedral. Está todavía construyéndose. En el sótano está enterrado monseñor Romero. Cuatro ángeles de broce velan sus restos. Un  grupo de carismáticos rompen en aplausos y alabanzas a Dios. Decidimos irmos. Aquí en San Salvador, como en Guatemala, no podemos caminar por las calles del centro y menos con una cámara al hombro. Los 5.000 homicidios al año y el sentido común no lo aconsejan. Da igual quién seas o lo que tengas. Todo el mundo camina con prisa por las calles. Si no es el celular, será el reloj o la cartera.

Hoy he regresado a la costa para visitar una Clínica y un taller de mujeres artesanas. Trabajan 20 señoras un encargo del Gobierno para la Expo de Zaragoza. Montan a mano collares de madera con la cara de la mascota de la Expo. Así es la globalización. Y sudo la gota gorda. Qué calor. De las 20 señoras, tan sólo una no tiene familia. El resto, a pesar de ser jóvenes, tiene varios hijos, incluso varios esposos. Dos de ellas recibirán esta semana una vivienda. Desde el terremoto del 2001 vivían en unas provisionales construidas con láminas de madera y techos de metal. Deben ser un horno.

Mañana serán mis últimas horas en Centro América. Aprovecharé para retomar el tema de las maras. Tengo una entrevista con el responsable del Consejo de Seguridad del Gobierno. Después iré a hablar con algún ex marero. Son más de 30.000 en el país, cuna de una de las pandillas más sangrientas: la Salvatrucha.