Nueva mañana triste. Y no sólo en Euskadi. Tres tantados en menos de 24 horas. Un fallecido, cuatro heridos graves y cerca de una veintena de heridos leves. Vitoria, Ondarroa, Santoña. Está claro que así no se puede vivir. Así se lo decía ayer la mujer del Ertzaina herido en Ondarroa, victima de otros tres antentados más, al consejero de Interior del Gobierno Vasco, Javier Balza. Una información que recogía ayer El Correo y que vale más que cualquier editorial. El ertzaina herido, su mujer, Balza y el periodista.
Luis Conde de la Cruz, militar y de 46 años. Un coche bomba de ETA acabó durante esta madrugada con su vida y con los días de vacaciones que pasaba en la ciudad cántabra de Santoña, igual que el otro militar herido grave.
Hoy comienza el Otoño en Euskadi. Espero que no vaya acompañado de duras tormentas.
La ONG Save the Children asegura que en Europa se practica la explotación de niños como empleados domésticos. Un informe que hará visible una realidad invisible hasta ahora para muchos. Algo que me recuerda la de otra situación, las niñas soldado. Aquí cuelgo un reportaje que publiqué hace poco.
Diana Castillo (Bogotá, Colombia, 1961) trabaja por hacer visible lo invisible. Más de 120.000 niñas menores de edad combaten en las guerras de todo el mundo, bien con las guerrillas bien con los ejércitos. Una realidad que sin embargo pasa “invisible” en las normativas internacionales que elaboran programas de reinserción y desmilitarización orientados sólo a niños varones. Éste es alguno de los resultados que recoge Castillo en el primer informe realizado sobre este asunto y que recientemente presentó en Bilbao de la mano de Alboan, ONG integrante de la comisión española para acabar con la utilización de niños y niñas soldados.
“Esta realidad no es visible porque muchos países no reconocen haber utilizado a niños en el ejército para no ser multados por los organismos internacionales. Con ello impiden, sobre todo, que la ayuda llegue a esta gente”, asegura. Castilla aprovechó la visita para denunciar la doble moral de países que, como España, “suscriben tratados contra el uso de los niños soldados y después venden armas ligeras a cualquier parte del mundo sin importarles su fin”.
Foto: Pedro Urresti/El Correo
El suplemento Domingos de El País parecía estar escrito para Piedra de Toque: abría con una doble de ETA, seguía con un perfil de Tiro Fijo, hasta ahora líder de las FARC y continuaba con otra doble sobre la agonía vivida por Iñaki Otxoa de Olza en el Annapurna. Política vasca, Latinoamérica y montaña.
“Las montañas no son estadios donde satisfacer nuestra ambición deportiva, sino catedrales donde practicar nuestra religión”.
Mientras tanto, seguía lloviendo en Getxo. Tanto que inundó garajes, avenidas y casas.
Hace dos meses propuse a mi redactor jefe una tema sobre escoltas en Euskadi. La actualidad lo justificaba: se habían convertido en un objetivo de la organización terrorista, comenzaba una nueva oleada de atentados y aparecía una ley que permitirá contratar a personal de la UE. Había llamado avarios profesionales que operan en Gasteiz, Donosti y Bilbao. Y encima tenía datos. Todo salpicado de citas provocadoras como que “las calles se han llenado de pistoleros”, “no queremos jóvenes vaqueros, sino profesionales” o datos sobre la disparidad de las tarifas en función de quién contrate: el ministerio, Gobierno vasco o una agencia de seguridad. Pero “no encajaba”. Así son las redacciones.
Lo volví a intentar hace unas semanas. Llamé de nuevo a mis contactos y pedí nuevos datos. Ya con la cifra de que se necesitaban 200 escoltas hablé con mi redactor jefe, pero tampoco… “Demasiada demanda sindical”, me dijo. Y el tema se quedó en uno de mis cuadernos.
Hasta que la semana pasada, el viernes, lo leía en El Economista con una llamada en portada y dos páginas centrales. Lo leí con atención y no aportaba nada nuevo, tan sólo los datos y unas cuantas citas, mucho más prudentes de las que yo tenía. Así es el juego de las redacciones, de los colaboradores y, sobre todo, de los redactores jefes. Pobres cuadernos.
Las autopistas producen sensación de orfandad. Lo dice hoy M. Rueda, periodista de El Correo. Lo experimentó ayer de camino a Mondragón para cubir la votación en pleno de una moción de censura por el asesinato de Isaias Carrasco. Por el camino se encontró que la hija de Isaias ocupa el puesto de su padre en el peaje de la autopista. Desafiando el vértigo. Allí tuvo que cobrar a todos: altos cargos del PSE, simpatizantes de ANV y “chivatos”.
Tal vez, sea el mejor modo de resumir la situación que sufre Euskadi. Mientras los políticos cambian sus votos como de chaqueta -el PP se abstuvo de la votación- el resto de la sociedad sigue en el andamio. “Un espectáculo difícil y trágico que causa perplejidad a sí mismo”. Un buen trabajo del periodista. Ha dado un paso más.